carta de bienvenida
La tendencia portuaria mundial es impulsar pocos y grandes enclaves, generalmente privados, para que puedan competir en tarifas, horarios, inversiones, etc., con el fin de captar rutas marítimas internacionales y convertirse en importantes polos de atracción. Pero en España, a pesar de que el debate público-privado se cerró en la década de los 80, apenas hay ningún puerto de carácter privado lo que demuestra el poder de los estatistas. Por el contrario, la Administración ha impulsado proyectos difícilmente viables que suponen un lastre para la sociedad y un freno al desarrollo económico del país. Se han o se están llevando a cabo proyectos con gravísimos problemas ambientales (con protestas de pescadores, ecologistas y ciudadanos) y en ciertos casos sin solución técnica ni viabilidad económica asegurada. Entre tanto, Galicia continúa sin puerto refugio y con un movimiento de mercancías que pierde peso frente al resto de España, y no se prevén cambios significativos en las próximas décadas porque el Ministerio de Fomento rechaza toda iniciativa que se le proponga (Véanse en el gráfico sus previsiones para 2020).
Tras tres lustros y dado que los males gallegos se perpetúan, como autor del puerto Ártabros, retomo el proyecto logrando acuerdos con grandes empresas. Después de varios años a la espera de una reunión oficial no se ve un respaldo claro, en contraposición con la liberalización económica de otras infraestructuras en las que se han seguido las recomendaciones de la UE (autopistas, aeropuertos, etc.). Por los argumentos utilizados históricamente contra Ártabros se puede observar que los criterios no son homogéneos, lo que lleva a pensar que la aceptación por la Administración sería mayor si la iniciativa partiese del sector público.
Ártabros responde a la demanda de puerto refugio y un gran enclave portuario en la categoría de honor internacional que competirá en precio y producto, lo que posibilitará a Galicia dar un salto cuantitativo y cualitativo. Mantener la situación actual es condenar a los gallegos al ostracismo porque la conveniencia de un gran puerto y refugio es incuestionable. Su impacto ambiental resultaría muy bajo y ampliamente compensado por su gran movimiento de mercancías, riqueza, empleo y prestaciones ambientales como puerto refugio (al igual que en otros países como Australia).
Desde puerto Ártabros quisiera agradecer a las distintas personas y entidades los apoyos mostrados, invitar a nuevas empresas a participar y a todas las fuerzas político-sociales a apoyar un proyecto que tiene como finalidad el desarrollo de Galicia.
Manuel Casal Pita - Doctor Ingeniero Naval y MBA